Ante la próxima partida de mi amiga Eli a Chile (y después a la Patagonia Argentina), decidimos ir a despedirla con un picnic en los jardínes de Versalles. Al llegar, anunciaban una cola de dos horas en el castillo para obtener boletos. Es paradójico -aunque como diría mi padre 'es como es'- que en la laica república francesa haya una cola de dos horas para ver los símbolos de la antigua monarquía. Versalles está en el top ten de los sitios turísticos en Francia; el resto de monumentos: la Torre Eiffel (en el barrio 16, uno de los barrios más caros de París), el Museo del Louvre (palacio en el barrio 1, al lado del Sena, uno de sus mayores atractivos son las colecciones de arte egipcio, italiano, holandés, francés, amontonadas y reamontonadas, repartidas entre todas las salas) y Mont St. Michel.
En Versalles, antes de entrar al palacio y a los jardínes, uno es recibido por la estatua de Luis XIV sobre un caballo, el cual tiene amarrado un moño en la cola (Annie señalaba que ese moño se los ponen para que no caguen ¿?). Cargadas con mantas, vinos y generosa comida, nos sentamos al lado del Gran Canal, donde nadaban unos simpáticos cisnes y patos. Después del picnic (quesos cremosos de Burgoña, humus, baguettes, pan de cereales, soya, tarta de limón -¡yeeeei! esa fue mi contribución y fue muy aplaudida-, vinos blancos de Burdeos), decidimos hacer una caminata a través de los jardínes, cuya particularidad es que los árboles están cortados en formas geométricas (cuadrados, rectángulos, círculos, triángulos).
Mientras caminábamos bajo uno de los primeros soles primaverales (¡gracias Luis XIV, rey Sol!), nos daba risa las curiosidades de la vida. En Europa, los países escandinavos -Suecia, Noruega y Dinamarca-, siendo tan aplaudidos y alabados en sus democracias, cuentan con una monarquía. En el verano del 2010, en Estocolmo, 'me tocó estar en la boda' de los príncipes (la princesa quien se casó con su entrenador), proyectada a través de las grandes pantallas de televisión colocadas en las calles. El palacio de los reyes suecos está en una isla, a la cual uno llega en bote. En Holanda, siendo aprobado el uso de las drogas, teniendo desde hace varios años aprobados el matrimonio homosexual (sin las manifestaciones que ha habido en Francia), y teniendo la figura de 'tres padres' (madre-madre-madre, padre-madre-padre, y cualquier otra combinación posible), la semana pasada coronaron a una chica de Argentina como reina de Holanda (por cierto, el padre de ella fue ministro de Agricultura durante el tiempo de la dictadura de Videla. A cambio de darle la corona llena de piedritas, le pusieron como condición que sus padres no fueran a la boda, y ella aceptó). Por otro lado, en países como Portugal, Grecia o Italia, cuyas democracias son muy cuestionadas, la monarquía cayó hace varias décadas. En Portugal, un grupo de anarquistas le cortaron la cabeza al rey y a su heredero a principios del siglo XX en la Praça do Comercio (como me regocijé la primera vez que escuché esta historia). España es una excepción a estos países. Sin embargo, en España, como condición para irse del poder, los franquistas impusieron traer al rey de una isla en Italia, en la cual estaba refugiado. Curiosidades de la vida.
Mientras que en la laica, republicana y fraternal Francia, se introduce la legalización del matrimonio homosexual; la introducción de las tecnologías biomédicas para la procreación; la prohibición del uso de símbolos religiosos en espacios públicos; las protestas del partido político Front Gauche, liderado por Melenchon, en contra del sistema financiero; la cotidianeidad de ver a los hombres cargando a sus bebés, uno de los monumentos más visitados es el castillo de Versalles, símbolo de la monarquía con todas las señales de exuberancia y egocentrismo. En éste, el recorrido está enfocado en la cortinita que era lavada dos veces por mes para María Antonieta, la vajilla del siglo donde el Rey Sol comió la sopa por última vez, el cuarto de los espejos donde María Antonieta recibía a la corte, la puertita pequeña en el cuarto de María Antonieta que guiaba a otras puertitas para escaparse del Rey Sol hacia el Trianón, el Rey Sol, María Antonieta, el Rey Sol, María Antonieta. Estos símbolos monárquicos, exuberantes y demás adjetivos aledaños son fotografiados por miles de turistas en una Francia del siglo XXI que contrasta con aquella del siglo XVIII, donde a María Antonieta le cortaron la cabeza, pues el pueblo se moría de hambre, mientras ella comía en aquellos vastos festínes.
Y mientras tanto, 'haiga sido como haiga sido', Francia fue el único país europeo, donde la monarquía se eliminó (ni en Gran Bretaña), sin causar un efecto de bola de nieve en los demás países europeos (a excepción de Alemania -aunque no sé mucho las historias de reyes de Alemania). Y aún así, el Castillo de Versalles es uno de los monumentos más visitados en el mundo, donde para entrar a sus dominios, hay que estar dos horas bajo el sol y así poder admirar la exuberancia monárquica de la Francia del siglo XVIII.