sábado, 9 de marzo de 2013

Comedia de confusión en el barrio 18 o percepciones de la seguridad

El Barrio 18 

Marcela- activista, abogada de la organización que combate las patentes de las farmacéuticas de los medicamentos para el SIDA en Brasil y en el 'mundo' (estuvo en la Conferencia de Washington del año pasado, enfrente de la Casa Blanca, y en los juzgados, peleando contra las farmacéuticas por las patentes), originaria de Sao Paulo- y Sergio- diseñador gráfico, oriundo de Sao Paulo- los conocí esa noche por medio de mi amiga Juliana -activista, doctoranda de Historia de la Ciencia, oriunda de Salvador Bahía, quien vive en lo que fue el departamento de Erik Satie (aún recuerdo la primera vez que supe de la existencia de Erik Satie en una cena otoñal con Armantas, Adriana y Michelle en Linköping el año pasado. La palabra Erik Satie evoca para mí la 'serendipity') en el barrio 18- quien muy amablemente me invitó a su cena. Comimos raclette (un plato de la región de Savoie, hecho con patatas y queso fundido, el cual es acompañado con carnes frías y pepinillos), tartiflette (patatas derretidas con queso y tocino), acompañadas con un vino blanco de Savoie. Después de tan generosos platos llenos de colesterol, hicimos un pequeño paseo por la montaña del Sagrado Corazón a través de las escalinatas alumbradas con los faroles, atravesando los jardínes caseros. El 18eme es conocido por ser el barrio de los artistas e intelectuales de París. Allí, hace algunos años, conocí a un director de teatro, quien tenía invadido su comedor con cubetas debido a las goteras, usaba lentes con armazón rojo y presentaba sus obras en uno de mis lugares favoritos en el mundo -la Cartoucherie. También a una clown, cuyo cabello olía a eucalipto, su risa me hacía reír, heredera de un judío, quien para festejar su cumple rentó un bar al lado de Notre Dame. Mi amigo Moisés, quien vivía a la vuelta de Pigalle, quien escribe sobre los electricistas y los ferrocarrileros en el siglo XX en México. Y ahora mi amiga Juliana, quien es vecina -al menos de barrio- de estos personajes. Yo no. Yo vivo en el barrio 20, al este de París. Me doy ocasionalmente vueltas al barrio 18, sea para hacer turismo, sea para visitar la casa de estos personajes que giran alrededor del teatro y el clown, sea para visitar las sex shops sólo por curiosidad y ver qué novedades técnicas me estoy perdiendo. Es el barrio antiguo de la prostitución y giran historias en torno a su peligro por los migrantes y los negros. Recuerdo que entre las recomendaciones de mi amigo Óscar, fue ni siquiera asomar las pestañas en el barrio 18. 

Total. Allí estaba mi existencia junto con la de Marcela, Sergio y Juliana. Generosa comida, generosos tragos, hermosas vistas sobre París desde lo alto de la colina en el Sagrado Corazón y danza. Ofrecí acompañar a los visitantes -Marcela y Sergio- a que tomaran un taxi en la avenida principal. Nos despedimos de Juliana y comenzamos el descenso de la colina a través de los aparadores vintages con lámparas, teléfonos antiguos, y pinturas. 

La Confusión
En la avenida principal, entre Anvers y Barbés Rochechouart, esperábamos un taxi a las casi tres de la mañana. Sergio fue a orinar en un baño público 'portátil' en el camellón de la calzada. Marcela y yo estábamos paradas en la estación de autobus, buscando un taxi libre. Todos pasaban con el letrero en rojo. Yo, absorta buscando las sombras en la parte trasera de los carros. Alguien dijo algo. Marcela corrió. Yo voltée y al lado mío había un negro, delgado, de un metro 90. Había dicho algo, pero yo no había entendido. Le dije 'Quoi?'. Se acercó, repitiendo 'Donnez moi tout ce que vous avez, ou je vous tue) (dénme lo que tengan o las mato). En su mano derecha, tenía una navajita roja con una cruz suiza en el mango (no más de diez centímetros de largo). Vi al negro y vi a Marcela, mulata de risa franca y rizos abundantes, detrás de él. Pasó por mi mente los 20 euros que me habían sobrado de la cena, mis tarjetas de crédito, mi bolsa (regalo de 15 años de mi tía la Nena), mis números telefónicos (y que sería el tercer celular perdido en un mes). Marcela tenía cara de 'está loco'. Las dos empezamos a correr al mismo tiempo. Ella cruzo inmediatamente la calle. Yo salí corriendo hacia el otro lado de la calle, atravesando entre los carros. Cuando estaba en el camellón y vi hacia la parada de autobus, el negro había desaparecido. Encontramos a Sergio sobre el camellón, cuando ya había orinado -posiblemente entre los árboles, pues el baño público era sólo para discapacitados.

La Comedia
Subidas en el Noctilien a las tres de la mañana, Marcela, Sergio y yo reíamos de lo absurdo. Creyo que por negro, alto y estar en el barrio 18, dos mujeres 'solas', le íbamos a tener miedo ¿Cómo se le ocurre querer asaltarnos a nosotras con una navajita? Dios mío, no por nada, hemos vivido en las ciudades más peligrosas de América Latina, Sao Paulo, Guatemala, y México. Allí, sí es en serio. Sacan la pistola, te bajan del carro y te dejan desnudo. La pistola es para todo y es la ley. No por nada, en México y Guatemala, decapitados, ahorcados, colgados, el narco. Nuestras historias familiares (mi tío París a quien lo mataron en la colonia Portales en los años ochenta. Los intentos de robo a mi tía Cibeles, quien usa aretes y collares de perlas y es usuaria diaria del metro en la ciudad de México. Mis papás a quienes los amenazan con secuestros vía teléfonica. Yo, quien viví en el centro de la ciudad de Guatemala, una de las ciudades más peligrosas de América Latina, dónde a la vuelta de la casa aparecían asesinados con balas de fuego). En Sao Paulo, la mafia. Como se reía de él Marcela, 'esta louco se ele cre que eu vou deixar que me robem com uma faquinha em Paris' (está loco si cree que voy a dejar que me roben con una navajita en París). Y hoy, yo muy divertida contando mi hazaña a Adriana, oriunda de Bogota, ella me afirmó 'claro mi Rebe, una vergüenza si se hubieran dejado'. 

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